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2019

Naufragios

Benito Rojo presenta una serie de obras inspiradas en un sugerente trozo de madera atravesado por clavos de bronce, proveniente de un velero del s. XIX rescatado de las profundidades del mar, frente a la costa de Papudo.

En  este montaje pinturas de gran formato se toman el espacio para hablar, en un personal lenguaje, de las catástrofes que pueblan nuestra historia.

Todo nació a partir del encuentro fortuito del artista con un resto de embarcación traído a la superficie desde el fondo marino de la zona central de Chile. Como testigo de tiempos remotos y de sucesos incógnitos, el objeto –un trozo de embarcación- lo ha inspirado desde hace años. Hoy se materializa en estas obras, pinturas en técnica mixta que evocan los distintos naufragios del territorio chileno, las catástrofes que caracterizan a nuestro país y los diferentes significados del término “naufragio”, invitándonos a explorar y reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra identidad.

En el catálogo de la exposición el escritor Gonzalo Contreras inicia el texto así: “El origen -siempre hay un origen- es el trozo de una quilla o parte de una sentina, hallada en la costa al sur de Papudo. Probablemente perteneció a un galeón o bergantín que con seguridad naufragó en ese punto de la costa. ¿Hace un siglo, o más?, se pregunta el artista contemplando ese vestigio de madera fosilizada arrojado por el mar. Probablemente la embarcación es de otras latitudes, otro hemisferio quizás, de algún puerto europeo o californiano, o bien hacía cabotaje con otros puertos del Pacífico situados más al norte”.

Como un paisaje boceteado en la memoria, estas pinturas conllevan una gran carga poética que habla nostálgicamente de los naufragios como una imagen de lo invisible. Y de esta manera, el relato que de ellas emana abre nuevos horizontes a la imaginación y la fantasía.

Daniela Rosenfeld, directora de Sala Gasco Arte Contemporáneo, sostiene que la muestra “es una geografía facilitadora de estos desastres, pues está cargada de vestigios navieros que, yacentes en sus costas de norte a sur, han escrito y forjado la historia del país. Benito se ha apoderado de esta característica del lugar que habitamos y la ha proyectado estéticamente en sus telas. Así, las texturas que conforman nuestro paisaje actúan como elementos abstractos, como un entorno, una atmósfera siempre presente y definitoria que, con el cromatismo de sus superficies, sostiene y a la vez se integra a los selectos elementos figurativos que la pueblan, estableciendo así un rico diálogo que agudiza la lectura del espectador”.

“Me gusta la poética que se desprende de esta exposición, humor dentro de la tragedia, hay una manera de vernos a nosotros mismos que muchas veces ignoramos”, comenta a su vez Benito Rojo.

Sobre Benito Rojo

Nació en Iquique, Chile, en 1950.

Estudió Derecho en la Universidad de Chile, de donde egresa en 1974. Sus intereses artísticos lo llevan a Estados Unidos y España, donde permanece cuatro años visitando museos y talleres como complemento a su educación autodidacta. Desde 1976 se radica en Santiago de Chile y ejerce como profesor de pintura y dibujo en diversas universidades e institutos. En los 90 inicia una serie de exposiciones en Japón, obteniendo el Premio Suntory de la Trienal de Osaka. En 1998 es designado Miembro de Número de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Chile. Actualmente vive y trabaja en Santiago de Chile.